
La reproducción asistida ha transformado la medicina reproductiva desde el nacimiento del primer bebé por fecundación in vitro en 1978. Hoy, se estima que más de 10 millones de niños han nacido en el mundo gracias a la FIV y otras técnicas de reproducción asistida [1]. Sin embargo, sus resultados siguen dependiendo de múltiples factores, entre ellos la edad, la causa de infertilidad y la calidad embrionaria.
Uno de los grandes retos continúa siendo evaluar qué embrión tiene mayor potencial de desarrollo antes de transferirlo al útero. Esta decisión debe hacerse con la mayor precisión posible, pero también con una condición esencial: obtener información útil sin dañar al embrión.
Durante años, la evaluación embrionaria se ha basado en gran medida en la observación morfológica mediante microscopía convencional. Esta aproximación ha sido útil en el laboratorio de FIV, pero ofrece una visión limitada de un proceso que ocurre en tres dimensiones y cambia constantemente con el tiempo.
Un embrión no es una imagen fija. En sus primeros días de desarrollo, sus células se dividen, se compactan, cambian de posición, establecen contactos entre sí y comienzan a diferenciarse en las primeras estructuras celulares. La masa celular interna dará lugar al embrión propiamente dicho, mientras que el trofoectodermo contribuirá a la formación de la placenta. Estudios recientes mediante imagen en vivo han permitido observar estos procesos en embriones humanos, incluyendo la compactación, la polarización, la formación del blastocisto y el hatching, el proceso por el que el embrión sale de la zona pelúcida antes de la implantación [2].
Las nuevas tecnologías de imagen en vivo permiten estudiar estos procesos con mayor resolución y en tiempo real. Gracias a la combinación de microscopía avanzada, marcadores fluorescentes y análisis computacional en el contexto experimental, los investigadores pueden observar cómo se organiza el embrión antes de la implantación e identificar comportamientos celulares que podrían pasar desapercibidos en una evaluación convencional. Entre ellos se han descrito errores en la división celular, alteraciones en la segregación cromosómica, micronúcleos, células binucleadas y otros comportamientos asociados a defectos del desarrollo embrionario temprano [3].
Esta es la base de la línea de investigación en imagen embrionaria de la Fundación Carlos Simón, centrada en mejorar la evaluación de la calidad embrionaria mediante el estudio del desarrollo preimplantacional en embriones de ratón y, posteriormente, en embriones humanos donados para investigación.
El objetivo no es solo ver mejor, sino comprender mejor. Observar cómo se dividen las células, cómo se organiza el material genético, cómo se mantiene la integridad del embrión o cómo se forma el blastocisto puede ayudar a identificar señales asociadas a un desarrollo normal o alterado.
Este conocimiento podría contribuir en el futuro al desarrollo de métodos más precisos y no invasivos para evaluar la viabilidad embrionaria antes de la transferencia. Aun así, su aplicación clínica requiere prudencia: estas tecnologías todavía deben validarse en profundidad antes de incorporarse a la práctica asistencial.
Referencias:
- European Society of Human Reproduction and Embryology. ART Fact Sheet. ESHRE; 2025. https://www.eshre.eu/-/media/sitecore-files/Press-room/ESHRE_ARTFactSheet_v10_2025.pdf
- Domingo-Muelas A, et al. Human embryo live-imaging reveals nuclear DNA shedding during blastocyst expansion and biopsy. Cell. 2023. https://doi.org/10.1016/j.cell.2023.06.003
- Akizawa H, et al. Capturing aberrant cell behaviors producing defects in human embryos via live imaging. Science Advances. 2025. https://doi.org/10.1126/sciadv.ady6402