Cuando hablamos de estudiar el cuerpo humano, solemos imaginar técnicas que analizan tejidos enteros, como si observáramos una ciudad desde un satélite. Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos acercarnos hasta ver a cada individuo que la habita? Así es como funcionan las tecnologías de célula única: nos permiten estudiar los órganos, no como bloques homogéneos, sino como comunidades dinámicas de células con funciones y comportamientos propios.
En el caso del tracto reproductor femenino esta aproximación está abriendo una nueva etapa para la investigación biomédica. Gracias a estas herramientas, los científicos ahora pueden reconstruir el “mapa” celular de estos órganos con una resolución sin precedentes, y comprender mejor los procesos fisiológicos y patológicos que los afectan.
¿Qué es la secuenciación de célula única y para qué sirve?
La técnica más usada actualmente es la scRNA-seq (secuenciación del ARN de célula única), que permite identificar qué genes están activos en cada célula de una muestra. Al agrupar células con perfiles similares, se pueden descubrir nuevos tipos celulares, entender su función y observar cómo cambian en situaciones como la menstruación, el embarazo o una enfermedad.
Pero el valor de esta tecnología no está solo en ver qué hay, sino en entender cómo se comunican las células entre sí, cómo cambian de estado (por ejemplo, de una célula madre o progenitora a una célula epitelial madura), o cómo reaccionan ante inflamaciones o terapias hormonales.
Un desafío tecnológico y computacional
Analizar este tipo de datos no es sencillo. Cada experimento genera información de miles de células que debe ser preprocesada, corregida, interpretada y visualizada. Aquí es donde entra la biología computacional, y en concreto, equipos como CompBio de la Fundación Carlos Simón, que desarrollan pipelines analíticos capaces de:
- Limpiar y normalizar los datos.
- Identificar tipos celulares y estados funcionales.
- Detectar diferencias entre muestras sanas y enfermas.
- Inferir trayectorias de desarrollo o de transformación celular.
- Estudiar redes de comunicación entre células.
¿Qué nos aporta esto para la salud de la mujer?
Este enfoque tiene un enorme potencial clínico:
- Puede ayudar a detectar alteraciones celulares sutiles que antes pasaban desapercibidas.
- Permite descubrir biomarcadores moleculares para diagnosticar enfermedades como la endometriosis, el síndrome de Asherman o los miomas.
- Ofrece pistas para identificar nuevas dianas terapéuticas y avanzar hacia una medicina de precisión.
En resumen, ver el tracto reproductor femenino “a través de gafas de célula única” significa avanzar hacia una comprensión profunda de su biología, con implicaciones directas para la fertilidad, el diagnóstico precoz, y el desarrollo de tratamientos personalizados.
Nuestro trabajo desde la Fundación Carlos Simón
Desde la Fundación Carlos Simón, contribuimos activamente a esta transformación.
Nuestro equipo participa en iniciativas internacionales como el Human Uterus Cell Atlas y aplica este tipo de tecnologías para desentrañar la complejidad celular del útero humano, tanto en condiciones sanas como patológicas.
Una muestra de este trabajo se publica en el número especial de abril 2025 de The American Journal of Obstetrics and Gynecology (AJOG), con un artículo firmado por miembros de nuestro equipo y colaboradores titulado: “How to view the female reproductive tract through single-cell looking glasses”.
Puedes acceder al artículo completo aquí: https://doi.org/10.1016/j.ajog.2024.08.040